When we met at the airport, it was one of the first topics that came up in the conversation while we were in line. What did a Nobel Peace Prize mean to a woman who is not in any way a pacifist, who is in favor of a foreign military intervention in her own country? What does it imply in terms of a narrative around peace in a convulsive and violent world, with genocides happening in Palestine and Sudan? How are we going to take on the dispute over narrative and peacebuilding? Questions that crossed the days of the trip.
As women from the Global South, we attended Geneva Peace Week with the curiosity to find our own space for dialogue around the human rights crisis, the women, peace and security agenda, the risks we face in militarized territories, the importance of making visible that Mexico is among the most dangerous countries in the world to exercise the right to defend human rights and journalism. Mexico, this country with more than 130 thousand missing people and an overwhelming forensic crisis. However, we are witnessing an environment where the Global North had the centrality of interpretive, analytical and priority frameworks. Political naivety of us? No. It is the need to make visible and rethink out loud, with the OTHER, the contexts from which we build peace and defend rights. Because from many of our territories it is clear that peace is being built, that there are commitments to transform the conflicts that arise from unequal and oppressive power structures, crossed by colonialism, racism and classism.
The dynamics of those days made us ask ourselves more urgently how we do advocacy with multilateral frameworks in crisis. How can we ensure that a large part of the social energy of processes and organizations is not allocated to that space while neglecting other strategies? The answer was to look at and
recognize the political power that emerges in our places located as part of long-term processes, where the critical community and collectivity in resistance are central because their work and living are anchored in other political practices such as autonomy and decoloniality.
The construction of networks and articulations has been key to strengthening collective action and criticism that brings attention to and denounces the projects of dispossession and extractivism in the region.
In Mesoamerica there are situated knowledge and peace processes that operate parallel to the institutional framework of the State. Various social movements and networks of women human rights defenders have developed autonomous security strategies that contrast with approaches focused on state forces. These proposals constitute advanced epistemological approaches that can transform both national policies and international frameworks to start from other frameworks of interpretation. Some answers are:
-
Feminist territorial security emerges as an integrative approach that links territorial protection, women's security and peacebuilding. This framework recognizes that women's security is intrinsically linked to territorial protection and that peace – or a dignified life, for many indigenous communities – requires addressing the structural causes of violence.
- Recognize and promote the leadership that women have in peacebuilding processes in communities, without omitting the risks that this active role entails.
- Collective protection is based on collective decision-making to analyse and take risks. Self-management or self-protection protocols include constant communication, accompaniment and monitoring, identifying and assuming the specificity of the localities and territories. Care networks constitute complex support architectures: family nucleus, networks and articulations of defenders, psychosocial accompaniment, and accompaniment with traditional community approaches.
- Actions focused on memory, truth and justice that have as their horizon the fulfillment of guarantees of non-repetition.
- Implementation of healing methodologies that articulate bodily, emotional, spiritual, and political dimensions.
In our meetings and dialogues we always start from these points and constructions mentioned. Our ways of accompaniment remind us and make us think about the importance and path of peace, not to neutralize the conflict but to transform the conditions of oppression that are worsening. We do not approach or experience security as a technical issue but as a political condition for peace, which could be sustained when we recognize the territorial practices and the role of women who sustain these processes in contexts of violence. The future seems bleak but it is collective will and political conviction to continue making cracks in the wall like the women Zapatistas.
Spanish Version
La paz del Sur en los pasillos de Ginebra
Por invitación de la Nobel Women´s Initiative, el 10 de octubre de 2025 defensoras de derechos humanos de Mesoamérica tomamos un vuelo de Ciudad de México con destino al centro del multilateralismo: Ginebra. Horas antes el Comité Noruego del Nobel anunciaba que el premio Nobel de la Paz 2025 sería concedido a María Corina Machado de Venezuela. Al encontrarnos en el aeropuerto, fue uno de los primeros temas que salió en la conversación mientras hacíamos filas, ¿Qué significaba un Nobel para una mujer que no es de forma alguna una pacifista, que está a favor de una intervención militar extranjera en su propio país? ¿Qué implica en términos de narrativa alrededor de la paz en un mundo convulso y violento, con denunciados genocidios como el de Palestina y Sudán? ¿Cómo vamos a asumir la disputa por la narrativa y la construcción de paz? Preguntas que atravesaron los días de la gira.
Como mujeres del Sur Global, asistimos a la Geneva Peace Week con la curiosidad de encontrar un espacio propio para el diálogo en torno a la crisis de derechos humanos, la agenda de mujeres, paz y seguridad, los riesgos que enfrentamos en territorios militarizados, la importancia de visibilizar que México se encuentra dentro de los países más peligrosos del mundo para ejercer el derecho a defender derechos humanos y el periodismo…México, este país con más de 130 mil personas desaparecidas y una crisis forense desbordante. Sin embargo, asistimos a un ambiente donde el Norte Global tuvo la centralidad de los marcos interpretativos, analíticos y de prioridades. ¿Ingenuidad política de nosotras? No. Es la necesidad de visibilizar y repensar en voz alta, con el OTRO, los contextos desde donde construimos paz y defendemos derechos. Porque desde muchos de nuestros territorios está claro que se construye paz, que hay apuestas por transformar los conflictos que devienen de las estructuras de poder desiguales y opresoras, atravesadas por el colonialismo, el racismo y el clasismo.
La dinámica de esos días nos hizo preguntarnos con más urgencia cómo hacemos incidencia con marcos multilaterales expresamente en crisis. ¿Cómo hacer que no se destine gran parte de la energía social de procesos y organizaciones hacia ese espacio descuidando otras estrategias? La respuesta estuvo en mirar y reconocer la potencia política que brota en nuestros lugares situados como parte de procesos de largo aliento, donde la comunidad y la colectividad críticas y en resistencia son centrales porque su quehacer y vivir están anclados en otras prácticas políticas como la autonomía y decolonialidad. La construcción de redes y articulaciones ha sido clave para potenciar la acción colectiva y la crítica que pone la atención y denuncia de los proyectos de despojo y extractivismo en la región.
En Mesoamérica existen saberes situados y procesos de paz que operan paralelamente al marco institucional del Estado. Desde diversos movimientos sociales y redes de defensoras de derechos humanos, se han desarrollado estrategias autónomas de seguridad que contrastan con los enfoques centrados en las fuerzas estatales. Estas propuestas constituyen aproximaciones epistemológicas avanzadas que pueden transformar tanto las políticas nacionales como los marcos internacionales para partir de otros marcos de interpretación. Algunas respuestas son:
- La seguridad territorial feminista emerge como un enfoque integrador que vincula protección del territorio, seguridad de las mujeres y construcción de paz. Este marco reconoce que la seguridad de las mujeres está intrínsecamente vinculada a la protección territorial y que la paz -o vida digna, para muchas comunidades indígenas- requiere abordar las causas estructurales de la violencia.
- Reconocer y promover el liderazgo que tienen las mujeres en los procesos de construcción de paz en las comunidades sin omitir los riesgos que les conlleva ese papel activo.
- La protección colectiva se fundamenta en la toma de decisiones colectivas para analizar y asumir riesgos. Los protocolos autogestivos o autoprotección incluyen comunicación constante, acompañamiento y monitoreo identificando y asumiendo la especificidad de los lugares situados y territorios. Las redes de cuidado constituyen arquitecturas complejas de sostenimiento: núcleo familiar, redes o articulaciones de defensoras, acompañamiento psicosocial y acompañamiento con enfoques tradicionales comunitarios.
- Acciones centradas en la memoria, verdad y justicia que tienen como horizonte el cumplimiento de garantías de no repetición.
- Implementación de metodologías de sanación que articulan dimensiones corporales, emocionales, espirituales y políticas.
En nuestras reuniones y diálogos siempre partimos de estas apuestas y construcciones mencionadas. Nuestros caminos de acompañamiento a procesos nos recuerdan y nos hacen pensar en la importancia y el camino de la paz no para neutralizar el conflicto sino para transformar las condiciones de opresión que se están agudizando. La seguridad no la abordamos o vivimos como tema técnico sino como condición política para la paz, que podría sostenerse cuando reconocemos las prácticas territoriales y el rol de las mujeres que sostienen estos procesos en contextos de violencia. El futuro parece sombrío pero es voluntad colectiva y convicción política seguir haciendo grietas como las zapatistas.

Paola Pacheco (Mexico) is a political scientist trained at the National Autonomous University of Mexico. She is a feminist activist with experience supporting human rights defenders, migrants, and indigenous communities. She currently coordinates strategic initiatives at a peacebuilding NGO in Mexico and is an alumna of the Nobel Women’s Initiative’s Sister-to-Sister program.